En la misma
referida obra, de inspiración poética profundamente goliárdica y de caracteres
juglarescos, escrita a mediados del siglo XIV, se hace referencia a "los
escolares que andan nocherniegos", para los que el Arcipreste compone
cantares "más de diez pliegos", y casi al final del libro, incluye
la canción " De como los escolares demandan por Dios ", en la que
reveladoramente se utiliza el zéjel, metro que parece pensado para cantar en
público y lograr la participación de los espectadores, con la introducción de la
rima del estribillo en el último verso de la estrofa.
Menéndez Pidal, dice que el
espíritu del "Libro del Buen Amor", está en la línea de lo goliardesco, en
particular en canciones como la "Cantiga de los Clérigos de Talavera", y opina
que la "Cantiga" es una de las canciones que Juan Ruiz compuso "para
escolares que andan nocherniegos".
Estos dos aspectos de las
actividades artísticas de los escolares - el andar nocherniegos (de ronda o
serenata o albada) y el mantenerse con actuaciones públicas - permanecerán
gracias a LAS TUNASS, a través de sus siete siglos de Historia.
La superior preparación
intelectual de los estudiantes les capacitará para componer además de
interpretar; ya es indicio importante que uno de los primeros textos romances
españoles, la razón de amor y denuestos del agua y el vino diga sobre su
autoría:
Un escolar la
rimó
que siempre dueñas
amó
mas siempre hobo
criança
en Alemania y en
Francia
moró mucho en
lombardía
por aprender
cortesía
Dicho poema, anónimo del siglo
XIII, parece haber sido escrito por un escolar aragonés, es decir por un
TUNO.
En la canción «de
como los escolares demandan por Dios» encontramos un antecedente de otra
tradición que ha llegado hasta nuestros días, "pasar la pandereta", cuando dice:
Señor, dat al escolar
que vos viene a demandar
dat merced e ración
y
os cantará una canción
de
solaz
fare por vos,
oracion
que dios os de
salvación
quered por dios, a mi
dar
Juan del
Enzina, figura clave de la lírica y el teatro, estudiante en Salamanca, nacido
en 1.468, es, como dice un crítico literario actual, Ponce de León, lo que hoy
llamaríamos un TUNO. Su figura conecta con la goliardesca claramente, no
hay más que recordar su canción:
Hoy comamos y bebamos
y cantemos y holguemos
que mañana ayunaremos
Según Menéndez Pidal, el mismo Alfonso Alvarez de Villasandino (poeta juglaresco de los siglos XIV y XV) alardea ante toda la Corte de Juan II, de pedir como los escolares errantes, diciendo:
Señores, para el camino,
dat al de Villasandino
Y en el mismo sentido, el autor
del "Libro de Apolonio", se envanece con la novedad de la obra y al terminar el
relato exhorta al público para que dé dinero por sus almas y no ahorre lo que
los herederos gastarán sin acordarse de quien lo ahorró.
Estos escolares
nocherniegos de que nos habla el Arcipreste de Hita y para los que
compuso cantares, («más de diez pliegos») solían acercarse a los conventos,
donde se repartía una sopa caliente con la que reponían fuerzas para andar el
camino.
Eran llamados por esto
sopistas, e iban provistos de un cuenco de madera colgado del
cinto, llevando en el sombrero (bicornio) una cuchara también de madera, con la
que tomaban la sopa y que hoy ha pasado a ser símbolo de la Tuna.
El traje era parecido al actual.
Consistía en la loba sotana corta, sin mangas, calzas y
gregüescos, y el manteo de paño veintidoseno de Segovia o actualmente capa,
donde van prendidas las cintas bordadas o pintadas, recuerdo de las damas a las
que se ha rondado. Sobre el pecho se lleva una banda de origen medieval, llamada
beca, que es distintivo del universitario, y cuyo color es
diferente según la Facultad o Escuela a la que se pertenezca: el color morado
pertenece a Farmacia, el rojo a Derecho, el amarillo a Medicina, el verde a
Caminos y también a Montes, el azul a Ciencias, etc, siendo el color morado el
distintivo común de la Universidad Complutense de Madrid. En la actualidad, los
estudiantes españoles continúan conservando la tradición legada por sus
antecesores, ya que andar nocherniegos ha sido una afición
sostenida por los estudiantes españoles, sin solución de continuidad hasta
nuestros días.
Quevedo en la
"Vida del Buscón", cuenta las rondas de los estudiantes de Alcalá. Mateo Alemán,
en el "Guzmán de Alfarache", se pregunta dónde, entre otras cosas, se da
una música como se hace en Alcalá, o se puede encontrar tan buen trato, tanta
disciplina en la música. En "La Tía Fingida", obra atribuida a
Cervantes, los estudiantes en Salamanca, dan una serenata con una canción
dedicada a la rondada, en la que intervienen cuatro músicos de voz y
guitarra, un salterio, una arpa, una bandurria, doce cencerros y una gaita
zamorana, treinta broqueles y otras tantas cotas. Dice Cervantes en ese
pasaje que la serenata es el servicio primero que los estudiantes pobres
hacen a sus damas, y en la misma obra se lea el siguiente consejo de la
tía a la sobrina:
Advierte, hija mía, que estás en Salamanca,
que es llamada en todo el mundo, madre de las ciencias, y que de ordinario
habitan en ella, diez o doce mil estudiantes, gente moza, antojadiza, arrojada,
libre, aficionada, gastadora, discreta, diabólica y de buen humor.
De finales del siglo XVII,
tenemos testimonios de las serenatas de los universitarios vallisoletanos en un
curioso librito escrito por Ignacio Farinelo, escolar pinciano, "graduado en las
porterías de varios conventos", al que tituló ARTE TUNANTESCA, y que está
dedicado casi por entero al segundo tipo de los escolares de los que habla el
Arcipreste de Hita, los que demandan por Dios.
El licenciado López de Ubeda,
también de finales del siglo XVII, en su obra "La Pícara Justina", refleja a una
cuadrilla de estudiantes a la que llama "La Vigornia", compuesto por siete
escolares que cantan y danzan a las mil maravillas, gobernados por
uno llaman Pero Grullo, vestido de obispo ( y los otros de
clérigos), y que viajan ejercitando tales habilidades por tierras de Palencia y
León.
Torres Villarroel, ya en el
siglo XVIII, es un arquetipo del escolar vagabundo, músico, torero y ermitaño,
que toca, canta y danza para mantenerse en un viaje por España y Portugal, y al
final regresa al Alma Mater Salmantina, para ocupar, por oposición, una cátedra
de matemáticas.
El Barón Charles
de Davillier, recorre España a mediados del siglo XIX (1862), y se sorprende
agradablemente por la presencia de los estudiantes músicos llamados
TUNOS, denominación que aparece tardíamente en el "Estebanillo González",
y dice :
Hay más de una semejanza entre la vida de los estudiantes de
LA TUNA, y la de los antiguos caballeros errantes, juglares y trovadores de la
Edad Media. Pobres y nómadas como los primeros; poetas y músicos como los
segundos, ilustrando Gustavo Doré, lo que su compañero Davillier
escribía, creando así una preciosa iconografía española.
Ya hemos visto como una de las
características de los "escolares nocherniegos", la música de ronda, de
serenata, relacionada íntimamente con un género mozárabe de larga progenie: la
albada. Es una de sus principales características, "la ronda", que los
estudiante dan bajo el balcón o ventana a la novia de algún tuno o a alguna
muchacha conocida, o a las desconocidas residentes de algún Colegio Mayor o
Residencia Universitaria, habiendo sido bautizadas alegremente estas rondas, por
los propios tunos como "rondas patrióticas", gozando de una gran tradición entre
las tunas de todas la Universidades, aunque es cierto que hoy en día, en una
ciudad moderna, cosmopolita, no es nada fácil dar una serenata, lo que da una
idea de la deshumanización de las ciudades.
Según el Rey Sabio, Don Alfonso
X, decía en sus Partidas, TUNA es Yuntamiento que es fecho d'
escolares trovadores, por aver mantenencia, andar las tierras e servir las
dueñas dellas con cortesanía, añadiendo el Doctor Don Emilio de la Cruz
y Aguilar, a la sazón Catedrático de Historia del Derecho de la Universidad
Complutense de Madrid, que Ansí mesmo, la Tuna, es escuela de vida,
palestra de ingenios, crisol de amigos nuevos e probanza de antiguos, fontana de
alegrías y honra de las Españas.
Definiciones ambas de LA
TUNA, que se contienen en el "Libro del Buen tunar, o cancamusa prolixa de
las glorias y andaduras de una tuna complutense,", compuesto del citado
Catedrático, doctorado en tunantesca por la Gloriosa y muy Andariega de la
Facultad de Derecho, libro en cuyo prólogo, se hace una breve defensión del
MESTER DE TUNERIA.
Dícese TUNO, aquel que, contando en el número
de la alegre, curiosa e nocturnal gente y andariega, es ansí mesmo, escolar de
Universidad, y desta conjunción d' excelencias ha de siguirse cuan alto es el
exercicio de la Tuneria ( ca son los alegres la sal de la tierra, la música
matemática de las esferas, y descanso la noche de ánimas estordidas), y por qué
dicho exercicio llevó tras sí, como el mesmo de la caballería andante, tantos
nobles corazones por los caminos del mundo.
Mas, con ser tan excelentes las virtudes de este Mester de
Tunería, que pone su gloria en contentar coitados corazones, hay malastrados que
lo denuestan, los unos por ignorancia, los otros por invidia o porque algún tuno
les sopló la dama, o cosas dese tenor.
Dicen de nos tantas sinrazones, que fuerza es facer aquí y agora,
una breve defensión.
Dicen de nos
que vésenos asaz frecuentemente en tabernas de casquivanas e mesones de ligue, e
dícenlo, los que tal dicen, como si fuera la Tuna, pía unión de conciertos
nocturnales y no cofradía de ardorosa mocedad, a la que fuerza es ver do el
holgar tenga su asiento. Que a las novenas van los tunos en atavíos no
tunescos.
Dicen de nos que no
tañemos e trovamos sino medianamente, ca hay fanfarrias, murgas e rondallas de
menestrales que lo facen muy mejor que nosotros, echando a olvido, los que tal
dicen, que en tuna, de cien partes, son cincuenta música, y las otras cincuenta,
dispierto ingenio, galanura sin tasa, polida osadía, cortesanía abundosa e buen
trasegar.
Dicen de nos, que por
haber mantenencia, ponemos cara; pecado rahez a fe mía, cuando por haber lujos,
presentan otros partes muy menos honradas, que no nombro por no poner en boca
lo que tiene lugar en el contrario lado. Y asaz dicho se
ha.
Dicen de nos que descomulgamos
bolsas.
¡ Chico Desnuesto, voto al
chápiro !.
Faga quien tal dixese inquisición
cabe sí. Verá como es la sangre del mundo, que furguen unos las bolsas de los
otros, de manera que bucea el médico en la bolsa del enfermo, el abogado en la
del pleiteante, los mercaderes en la de los mercantes, y la gente del Fisco, en
la de todo aquel que alienta so el ancho cielo y olió en su perra vida, maravedí
o mota o blanca.
Dicen de nos, que
no somos sino alborotadores, que no estudiamos ni dexamos
estudiar.
Cierto sería, si no
hubiera en los corregimientos, o dando fé, judgando o defendiendo en estrados,
ilustres que, cuando estudiantes, oyeron la llamada de la sangre y siguieron la
vida de Tuna falaguera. Desto no es mester pedir ensiemplos al Conde Lucanor, ca
de un catedrático de nuestra complutense, que fue Decano de nuestra Facultad, se
puede dicir lo que de aquel otro que...
<< en los sus
tiempos d'estudiante,
anduvo de tunante,
caramillo tañendo en las albadas,
e las
más de las veces,
mozuelas bien templadas
de
las que dan candela,
en frías
madrugadas. >>
Y ansí
queda dicho brevemente, como aquestos denuestos, no son sino envidia e
hipocondría.
El Tuno español, es el último
resto vivo de los goliardos europeos, es un tipo afín en el que pueden
encontrarse muchas de las notas que los caracterizaron, pero lo fundamental en
el Tuno, es cierta mentalidad aventurera y algunas dotes artísticas, que igual
pueden manifestarse recitando versos, que oraciones, tañendo, cantando, o
bailando la pandereta.
Los Tunos
son al mismo tiempo, como lo refleja Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, sin darles
aun tal nombre, estudiantes pobres, pero ingeniosos, que viajaban de su casa a
la universidad y viceversa, o simplemente se mantenían entre la sopa de los
conventos y sus habilidades artísticas, y también rondadores románticos,
andantes "nocherniegos", que perdían, o ganaban, sus horas bajo una ventana o un
balcón.
LAS TUNAS, deben
ser cuidadas por las Autoridades Académicas, ayudándoles y exigiéndoles. Los
propios TUNOS, deben darse cuenta de que la picaresca estudiantil, es
accesoria al propio concepto de los escolares trovadores y juglares de donde
arranca la Tuna, y asumir de manera consciente el enorme significado de siete
siglos de Historia y tradición.
Alegría, música, aventura, y clase para todo ello.